Las más frecuentes son el oídio, la botrytis, la mancha foliar y las pudriciones radiculares. Para el oídio es fundamental favorecer la circulación de aire y evitar mojar las hojas.
Si sabemos que nuestra planta es cada año víctima de esta enfermedad, conviene intervenir después de las lluvias primaverales vaporizando azufre. Si los ataques fueran particularmente fuertes, se pueden tratar con productos específicos.
Para la botrytis y la mancha foliar se deben evitar los encharcamientos y, en su caso, intervenir con antifúngicos adecuados. También para las pudriciones radiculares y del cuello de la raíz, el consejo principal es evitar absolutamente los encharcamientos.
Si llegaran a aparecer, se puede intentar contener el problema limpiando la base y pulverizando productos cúpricos o específicos. Sin embargo, si estuvieran muy extendidos, conviene arrancar el ejemplar y sanear la zona cambiando completamente el sustrato.
Las hortensias también pueden ser atacadas por insectos. En estos casos conviene intervenir con insecticidas de contacto (para los pulgones) o también sistémicos + aceite mineral (en el caso de cochinillas).