Como hemos dicho, las hortensias prefieren suelos al menos subácidos. En ausencia de estos, las hojas tenderán a amarillear. Es un problema importante porque esta coloración influye en la fotosíntesis clorofílica y, por lo tanto, en la capacidad de la planta para crecer y florecer. Para remediarlo, se debe intervenir ya desde finales del invierno esparciendo semanalmente sulfato de hierro sobre el suelo.
Sin embargo, es un tratamiento que da pocos resultados porque los suelos son un sistema tampón y tienden a volver a su pH inicial. En cambio, son muy eficaces las aplicaciones mediante riego de hierro quelado. Ya con pocas aplicaciones se observan buenos y duraderos efectos.
No obstante, busque productos que actúen en un amplio rango de pH. Para un tratamiento de emergencia, también existen productos adecuados para uso foliar. Hay que tener cuidado de realizar los tratamientos en las primeras horas de la mañana o por la tarde, ya que los principios activos se degradan rápidamente si se exponen a la luz y al calor.